RELAJADO Y EN PANTUFLAS

Monica D'AssisiEntrevista Peronosfera Luciano di Vito y Jorge Bernardez autores de “Las aventuras de Peron en la tierra”

ESPECTÁCULOS
PERÓN: RELAJADO Y EN PANTUFLAS

 “Las aventuras de Perón en la Tierra” es un libro de testimonios que rescata anécdotas del ex – presidente, y nos revela a un Perón divertido, ocurrente y de entrecasa. 

No es el Perón que abrazó a Eva aquella tarde histórica en el balcón, tampoco es el que estuvo preso y fue liberado un 17 de Octubre.  “La idea era conocer a un Perón mas real, más humano. Aquellas historias que están fuera de la vida pública”. Así lo resumen Luciano Di Vito y Jorge Bernárdez, los autores del libro.
Luciano y Jorge son periodistas, trabajan juntos en producción de contenidos de Canal 7 y en Nacional Rock (FM 93.7) con su programa “Tres de un par perfecto”. También han creado en el 2003 “Vida y Vuelta” junto a Felipe Pigna, un programa de entrevistas a personas que vivieron situaciones límites y les valió el Premio Éter a mejor programa periodístico en 2008.

-¿Cómo se les ocurrió contar a Perón de una forma más original? 
-Luciano di Vito: Perón se nos abrió de una manera distinta a otros personajes que hemos trabajado. Teníamos mucho material y nos pusimos a buscar personas que se vincularon a él de una forma más cotidiana y así se arma sola la idea de lo que era este hombre tan particular.
-Jorge Bernárdez: La idea nació una tarde en el estudio 8 de canal Siete, cuando nos contaron una historia de Perón y nos dimos cuenta que podíamos darle otro enfoque, encontrar un costado sorprendente y humorístico. Nunca decimos en el libro “Perón es esto o es aquello”, cada uno arma solo al personaje a medida que leen los relatos.

-¿Qué descubrieron de Perón más allá del personaje que todos conocemos?
-LD: Nos impresionó la soledad en su época vivida junto a Estela Martínez y López Rega. Sabía que a pesar de sus honores y medallas, era un pobre viejito que iba a morir pronto, y cuando volvió del exilio no era el mismo de los años `50 en cuanto a ideas.
-JB: Su astucia política, su manejo de la psicología y su carácter. Ver a Perón en los últimos años es ver a un estadista de la ecología, un hombre que creía en esoterismos. Jamás quiso revelar su fecha de nacimiento para que nadie le haga una carta natal y lea su suerte. Le gustaba mucho la astrología y le daba importancia a cosas que en su época nadie pensaba, como la contaminación ambiental. Perón era un político, pero era también todas estas cosas.

-¿Qué descubrieron a lo largo de las entrevistas?
-LD: La mayoría de las personas que vivieron alguna situación con él no se dan cuenta, pero tratan de hablar como Perón y creen que son una especie de “elegidos”. Perón era un tipo zorro, un pillo que estaba siempre atento a quienes lo rodeaban.
-JB: Muchas historias no pudimos dejarlas en el libro por que no tenían demasiado peso o muchas eran más idealizadas que reales. Martha Holgado, la supuesta hija del General aportó cosas que no pudimos chequear. Hay otras cosas, como partes médicos de Perón que revelan el verdadero estado crítico, o charlas junto a López Rega que demuestran una relación bastante ríspida.

-¿Tuvieron una mala experiencia durante el armado del libro?
-LD: Convocamos mucha gente para las entrevistas y nos desilusionamos con aquellos que no vinieron, ya que no quisieron estar o no pudieron. Algunos guardan sus historias como algo propio, sólo para ellos, o no quieren que publiquen su nombre, pero sólo eso. La verdad es que disfrutamos mucho y nos divertimos en el proceso.

-Ustedes han trabajado en tele, radio, producción y gráfica ¿en que área  se sienten más cómodos?
-LD: Es complicado, pero la radio sin duda es algo más cómodo y relajado. Es una relación directa y constante con el oyente. Quisiera trabajar en radio y que me paguen como en la tele! Y con la gráfica se dio algo especial para mí: presentamos con Jorge este libro en la Editorial Sudamericana, les gustó y en 15 días tuvimos el contrato en la mano. Es mi primer libro, asi que vengo teniendo suerte.
-JB: En Canal 7 siempre estuvimos detrás de la pantalla, pero tampoco es difícil: armas el producto y te vas a tu casa. Pero la radio es más pobre y aún así es masiva en alcance. Hay mucha gente que trabaja en el “detrás de escena” y me da pena que no se los reconoce como deberían ya que son los que arman el producto.

-Después de trabajar más de 10 años juntos ¿sienten que han logrado una dupla exitosa?
-JB: Es una gran ventaja por que al ser una dupla siempre tenés un testigo y en este medio hay que tener uno. Con el laburo nos pasó eso, después de trabajar con Pigna pudimos ser cómplices. Es cómodo trabajar así, por que nos entendemos y logramos un complemento.
-LD: ¡Nos vemos seis días de la semana! Imaginate que no lo quiero ver más a Jorge (risas). Ya sé la forma en que me va a contestar si está harto de hablar sobre un tema o no. Hemos producido a Chiche Gelblung y a Juan Alberto Badía, siempre trabajamos en equipo en diferentes áreas y conocemos el estilo de cada uno, por lo tanto es más fácil. Somos hombres de los medios…

Luciana Fassi
Periodismo In – Formal

Octubre, mes peronista

 No solo el 17 se conmemora otro Día de la Lealtad: al otro día es, por supuesto, San Perón. Y este 27 de octubre, con la peronista Cristina reelecta en octubre, se recuerda el primer aniversario de la muerte del peronista Néstor Kirchner.
La moda peronista de este octubre no excluye a la cultura. Mientras Evita figura con dos obras en los 200 libros fundamentales de la historia argentina –pese a que jamás escribió ninguno- y La Nación da cuenta de “una explosión de las letras K”, aparece un libro dedicado a las anécdotas de Juan Domingo Perón, “Las aventuras de Perón en la Tierra” de Jorge Bernárdez y Luciano di Vito. El libro es imprescindible para entender el Lado B del General, esa cara de la que no se ocupan los libros de Historia, pero que completa la personalidad del líder público. En la era de Twitter, adonde todos parecen tener una anécdota con Néstor Kirchner, encontrar en pleno 2011 coetáneos de Perón es una rareza. Y este libro acumula decenas de testimonios que van desde la conveniencia de tirarse pedos justo en el momento de bajar la cadena del inodoro hasta un Perón con alegría infantil a la hora de verse en filmaciones realizadas por Pino Solanas.
Al hacerlo más humano, lejos de desmitificar al ícono, el trabajo termina siendo su panegírico. Son ínfimos los lugares en los que Perón aparece retratado negativamente. Mientras leía el libro, me topé con La “guerra sucia” que divide hoy al periodismo argentino, un texto de Carlos Ares a propósito de la pelea Magdalena-Victor Hugo. Allí se lee: “El general Perón, ya de regreso de su exilio político, ‘marcó’ a la periodista Ana Guzzetti en una conferencia de prensa: ‘Tómenle los datos’, se exaltó, cuando sólo tenía que responder a lo que le preguntaban sobre si sabía de la existencia de la Triple A, una banda parapolicial. Ana fue torturada y luego clausuraron El Mundo, diario para el que trabajaba”. No encontrarán esa clase de anécdotas allí. Es más, la única crítica a Perón y el peronismo surge de un capítulo dedicado al gorilismo más rancio, en la voz caricaturizada de uno de sus representantes.
El libro es recomendable, desde la gran tapa de Demián Aiello hasta el cierre, pasando por la figuritas justicialistas o las citas peronistas, con datos revelados por primera vez sobre la sombra política de este más de medio siglo de Historia Argentina. Y aunque se proclama como un libro sobre la vída privada, sirve para entender aquellos años y cómo, pese a ser tan distintos, Perón, Menem y Kirchner tienen un mismo ADN político, composición genética que jamás podrían compartir con un Binner, un Alfonsín o un Altamira. Porque, pese a lo que decía Perón, y sirve de cita al comienzo del libro, peronistas no somos todos.

 Publicado en http://www.malaspalabras.com/octubre-mes-peronista/

Digistoria

No sé si hubiera llegado a este libro por mi cuenta. Por suerte, el mega-hiper talentoso Demian Aiello, que hizo el dibujo de tapa, es un amigo y me comentó de la existencia de la obra en cuestión.

Siempre me gustaron las anécdotas de Perón. Creo que, si me pusieran en los 50′s, sería más gorila que King-Kong, pero es innegable la capacidad, la astucia y la viveza que “el viejo” tenía en su vida cotidiana y política. Las aventuras de Perón en la Tierra no es nada pretencioso. Es eso: una recopilación de anécdotas divertidas algunas, más tristes otras, de Juan Domingo Perón a lo largo de sus presidencias, su exilio y finalmente su muerte.

Mi favorita (y acá corro riesgo de spoiler) es la siguiente y está tomada del libro de Juan GaspariniDavid Graiver: El banquero de los Montoneros:

 –A ver, López, si nos sirve un poco más de café y cuando aparezca Guerrero me lo trae…

La jarra precedió en pocos minutos al secretario general de la sección Capital de la UOM. Graiver supuso entonces que Perón lo hacía quedarse para desembarazarse pronto de los interlocutores. Las quejas de Guerrero eran otra cara de las peticiones de Miguel. El clasismo avanzaba desde el interior, sobre todo en el cordón industrial del Paraná; y el “cordobazo” se reproducía en puebladas en todos los rincones del país. La conducción de Miguel estaba demasiado identificada con un pasado de traiciones y de “peronismo sin Perón”. Se acusaba de vandoristas a sus amigos. Había que renovar, remozando la imagen para las elecciones nacionales.
El general asentía con la cabeza, en silencio. Cuando el rosario de acusaciones y alternativas para cambiar la situación culminó, Perón fue conciso:
–Vea, Guerrero, puede irse tranquilo pues cuenta con toda mi confianza. Remocemos los sindicatos para que la campaña electoral nos encuentre unidos y mancomunados.
Guerrero se percató en ese momento de que la entrevista había terminado. El general tenía otro invitado a quien atender. Satisfecho de lo conseguido, buscó el abrazo paternal, el intercambio de sonrisas y saludos, y giró sobre sus talones detrás del obsecuente López Rega que lo pondría en la calle.
Graiver, estupefacto, no salía del asombro, constataba que la realidad puede sobrepasar la alucinación. Cuando quedaron a solas, preguntó:
–Pero, general…, no entiendo… Hace un rato le dio toda la razón a Lorenzo contra Guerrero, y ahora acaba de hacer lo mismo con este… ¿No es una contradicción?
Como si llegara de un largo viaje, Perón se inclinó y apretó, condescendientemente, el brazo derecho de David. En la placidez del éxtasis señaló:
-Graiver, usted también tiene razón.
La clase de estrategia había terminado.


Publicado en Digistoria, el blog de Ramiro Fernández.

Perón y el deporte

Juan Domingo Perón se subió al helicóptero en la Quinta de Olivos. Le habían avisado que un argentino estaba por ganar el Gran Premio de Fórmula Uno en el Autódromo de Buenos Aires. Tenía que estar en los festejos como en los años en que Juan Manuel Fangio le ofrecía sus triunfos. Carlos Reutemann punteaba con comodidad. Pero cuando el General se sentó en el palco junto a Isabelita y Raúl Lastiri, el Lole se quedó sin nafta. Reutemann, igual, se subió al palco a saludar a Perón. El presidente le entregó un regalo: “Mirá, pibe, no tengo otra cosa para entregarte, es la lapicera que tengo.” Poco después, durante la firma de un acuerdo para que YPF apoye al Lole, Perón lo abrazó sonriendo: “Tome, para que no se quede sin nafta.”
La historia la cuenta un periodista que prefiere el anonimato y es una de las muchísimas anécdotas que Jorge Bernárdez y Luciano Di Vito recopilaron en Las aventuras de Perón en la Tierra, un libro que salió este mes a la venta y muestra el lado menos público y, acaso, más cotidiano del General. El deporte está metido entre todo eso porque, como dice el sociólogo Pablo Alabarces, el peronismo fue su edad de oro. “Los campeonatos Evita –dice Bernárdez, uno de los autores– no eran mera demagogia, los chicos eran atendidos por médicos y llevaban fichas de cada uno. Eso es concreto.”
El Perón hincha se parece a una construcción mitológica. Bernárdez y Di Vito sostienen que era de Boca, como lo asegura Antonio Cafiero y, según cuentan, algunas fotos. Aunque historiadores de Racing, como Fernando Paso Viola Frers, reafirman que era de la Academia, cuyo estadio –construido gracias a la gestión y los créditos blandos de su ministro de Hacienda, Ramón Cereijo– lleva el nombre del General. En realidad, también dicen, Perón no era un hombre muy interesado en el fútbol. Sin embargo, en una de las anécdotas, parece mostrar un ojo especializado y hasta cierto buen gusto. Ocurrió en Puerta de Hierro, antes de su regreso al país, durante una visita de su amigo Enrique Omar Sívori, que por entonces era técnico de la Selección Argentina. Se venía el Mundial ’74 en Alemania, y Perón analizaba a los equipos: “Fíjese en Holanda, Sívori, acuérdese de lo que le digo. Es el mejor equipo del momento. Los otros candidatos para el próximo Mundial son los alemanes, porque juegan en su país. No creo que el título salga de ahí.” También le preguntó, mientras servía café: “¿Tendremos que hacer nosotros lo mismo que los europeos? ¿Habrá que transformar a nuestros clubes en empresas? Vamos a tener que pensarlo.”
Sívori no siguió como técnico de la Argentina. Lo remplazó Vladislao Cap en épocas en las que la Selección parecía un barco a la deriva. En pleno Mundial, Perón murió. El equipo enfrentó a Alemania dos días después con un brazalete negro. “Yo tenía bronca porque estaba lejos y sabía que el pueblo sufría, por eso hablé con los muchachos para que no jugáramos el último partido”, contó René Houseman. “En mi caso –agregó el Loco–, no había manera de convencerme de que saliera a la cancha hasta que me dijeron que había que ganar para dedicarle el triunfo al General.” Los jugadores lo homenajearon con una misa en la iglesia San Lambertus. Se volvieron pronto y goleados. Los candidatos de Perón, en cambio, llegaron a la final: Alemania le ganó a Holanda.
Bernárdez, uno de los autores del libro, sostiene: “Perón era deportista y eso es lo que hace que sea tan creíble la relación de su gobierno con los deportes y los deportistas.” En su libro La patria deportista, Ariel Scher cuenta: “Corrió, hizo gimnasia en aparatos, tomó la espada, tiró, cabalgó, saltó en alto y en largo, boxeó y hasta jugó al fútbol. Se transformó en un deportista experto y resolvió que pocas cosas formaban y gratificaban tanto a un militar como el deporte.”  Bernárdez agrega, en ese sentido, que las políticas de Perón generaron simpatía en ese mundo. “Está claro –dice– que en una época los deportistas eran peronistas y los tipos que no lo eran, como Ringo Bonavena, eran una rareza.”
En el boxeo, uno de los deportes preferidos del General, estaban Pascual Pérez, José Gatica y Alfredo Prada. Ricardo Primitivo González, en cambio, no era peronista. Tampoco muchos de sus compañeros campeones del Mundial de Básquet de 1950. Pero haber ganado durante el peronismo les valió el castigo de la Libertadora. También a otros 35 jugadores de básquet, al remero Eduardo Guerrero, a los atletas Osvaldo Suárez y Walter Lemos, y al campeón de bochas Roque Juárez. También hay historias de aquellos que no adhirieron al peronismo. La atleta Noemí Simonetto, cuentan, quedó relegada por no haber dedicado la medalla de plata que obtuvo en los Juegos Olímpicos de Londres 1948 por la prueba salto en largo. Dicen que Luis Elías Sojit, relator peronista, no nombraba a Eusebio Marcilla porque este se negaba a llevar consignas oficiales en sus autos.
Si algo no hizo Perón con el deporte fue ignorarlo. Por eso, aquel 13 de enero de 1974, se subió al helicóptero para saludar a un argentino que estaba a punto de ganar. No pudo. Reutemann se quedó sin nafta. Sólo le entregó una lapicera que, como también se cuenta en Las aventuras de Perón,  el piloto usó para firmar el acta de asunción como gobernador de Santa Fe. Pero ese final, como dicen en el libro, es parte de otra historia.

Por Alejandro Wall.

La aventura del libro

A pocos días de salir el libro nos informan de la editorial que el asunto va bien. Claro que una vez que terminamos de escribirlo ya no es nuestro sino de la gente que lo compra, lo manguea o pide que se lo regalen. A medida que los días pasan con el querido Jack vamos de rotation por algunos medios y hacemos bastante bien el show. Ayer, sin ir más lejos nos entrevistaron en la televisión pero no del canal en el que trabajamos. Rarezas de la vida.
Me di cuenta que “Las aventuras de Perón en la tierra¨ venía bien cuando un vecino de otro piso del edificio donde vivo me felicitó por el libro. Nunca en veinte años, habíamos cruzado una palabra ni un saludo. El de la pizzería, por ejemplo, se compró el libro por que el padre es peronista y él no. Dice que con este libro lo entiende un poco más al padre. No se si a Perón.
Hace algunos días no comentaron que para un cumpleaños tres personas pensaron el mismo regalo sin saberlo y compraron el libro. No tuvieron que devolver ninguno. Un peronista de pura cepa se quejó en una enorme liberería que el libro no estaba exhibido en la mesa central sino en la línea de cajas.
El de la liberería le argumentó que era un libro chiquito, el peronista se enojó y le dijo que chiquito, las pelotas, es un libro sobre Perón!
Cuando salíamos de la nota para la tele, el pintor de cuadros de un restaurant de moda, justicialista y trabajador porqué además es un retratista de las formas peronistas nos contó que nos había escuchado en un par de programas y que quería comprarse el libro. Toda familia peronista aclaró. Pero sin propónerselo nos dejó un cuento delicioso: Nos contó que una noche en ese restaurant había ido el joven Abal Medina a cenar. Nuestro talento de la brocha artística le preguntó si tenía algún cuento con Perón a lo que el joven funcionario tras hacer memoria porqué era muy chico cuando el General estaba vivo, recordó que una vez Perón le regaló un huevo de Pascua gigante con el escudo justicialista. Seguramente, en algún momento tendremos que entrevistarlo al actual secretario de medios.
El libro parece abrir caminos nuevos, insólitos y literarios. La generosa sonrisa de Perón en tiempos de elecciones, hecha libro de anécdotas, multiplica las aventuras hacía más anécdotas. El camino es largo y la avenida, demasiada ancha. Solamente el peronsimo lo hace posible.

Diario El Argentino por Hugo F. Sánchez

¿Cómo nació la idea de hacer el libro?

JB: En un estudio de Canal 7, de casualidad, en un rato de espera y charlando de cualquier cosa el actor Carlos Santa María nos contó una anécdota suya con Perón. Carlos era una adolescente. Salimos de ahí con la sensación de que había un libro de anécdotas en nuestros archivos. Después de cinco años de hacer programas de historia con Felipe Pigna algunas cosas escuchas y muchas quedaron afuera de aquellos programas.
 LD:Es que para muchos la anécdota es un género menor y la verdad es que no lo es. A veces,  te acordás únicamente de una anécdota, de algo gracioso o terrible. Lo difícil fue trasladar ese clima al papel.

¿Cuáles fueron las dificultades y sorpresas a medida que avanzaban con la investigación y recogían los testimonios?
JB:
Gente que no tenía agenda para recibirnos, gente metida en la vida partidaria del peronismo que no lograba encontrar un hueco para atendernos, por un lado. Pero aparecieron enfoques nuevos, otras historias y la convicción de que no nos habíamos equivocado.

LD:Lo más difícil fue chequear lo que algunos nos dijeron. Fechas, datos o aproximaciones a esos datos.

¿El recorrido del anecdotario peronista de varias décadas configura un relato diferente de la historia argentina reciente?

LD: A veces da la sensación de que hay un Perón para el que lo analiza y otro para el que escucha. Es decir, puede haber muchos “Perones” según el que cuente el cuento. Eso pasó con los relatos recientes en que cualquiera puede ser peronista.
JB: Es una visión menos épica, más real, pero a la vez el Perón real es muy culto y de maneras militares, horarios del cuartel podríamos decir. Complementa al otro, al que cambió la historia Argentina.

Se escribieron decenas de libros sobre Perón y eso podría tomarse como un síntoma de lo inasible del personaje ¿qué Perón quisieron rescatar desde su libro y que descartaron para acomodarse a el Perón que ustedes querían mostrar?

JB: Un Perón de entrecasa, un Perón fuera del balcón, fuera de la vida pública, un Perón ocurrente y relajado. También aparece un Perón anciano y enfermo, rodeado de médicos y preso en cierta forma de las pasiones políticas de la época. De no haber sido presidente en 1973 pudo haber vivido más tiempo pero la situación política imponía que el asumiera el papel estelar y de esa manera pusiera en riesgo su vida.
LD: En realidad descartamos explicarlo a  Perón y al peronismo porqué para eso están los historiadores y los estudiosos. Entonces nos quedó el Perón más cotidiano, el que en el exilio no tiene un mango o el que recibía a todos en Puerta de Hierro.

A través de las anécdotas del libro se asoma un Perón con mucho humor. Qué otras cosas descubrieron o corroboraron del personaje?

JB: Su astucia política, sus maneras criollas, su manejo de la psicología y su mirada a futuro, leer al Perón de los últimos años es encontrarse con un estadista que hablaba de ecología y de alimentos para un mundo que en esa época no pensaba tato en esas cosas.
LD: Impresiona un poco la soledad aunque estuviesen Isabel y el nefasto López Rega. En lo particular me impresionó que el Perón que volvió del exilio en cuanto a ideas era muy distinto que al de los comienzos del peronismo. Es un hombre grande que sabe que va a morir.

Para bien o para mal cada uno de los argentinos tiene una imagen formada de Perón. Con el libro ya terminado, cambió la percepción de ustedes respecto al personaje?

LD: En mi casa Perón era el culpable de la mayoría de los males. Pero a mi me caía simpático. Con los años el personaje se volvió fascinante, contradictorio, genio y figura para bien o para mal. El asunto, en definitiva, parece infinito porqué explica a la Argentina.
JB: Mi imagen familiar de Perón, el relato sobre él y su movimiento con el que crecí es  el clásico de los gorilas. Con los años se atenúa aquel discurso, y después de escribir este libro llego a la conclusión de que la astucia que tenia en el manejo de lo que se conoce como movimiento peronista es lo que dejó en los Argentinos la sensación de que sólo los peronistas, para bien o para mal, entienden a esta sociedad y tienen la capacidad de ofertarle a los argentinos lo que necesitamos en los distintos momentos históricos.

 Hugo F. Sánchez